En el campo de batalla los brazos de los generales nunca se manchan de sangre, y, sin embargo, el mando de los batallones es la esencia de la consecución de la victoria. No es factible la gloria si los generales están preparando excursiones al campo el puente de diciembre.
Lamentable.
Si el general tiene que excursionar dejando las tropas abandonadas en la batalla, debería buscar otro viaje a tierra infiel cuando se acopien las mieles de la victoria derramadas por la tierra de María Santísima.